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Es proverbial la oscuridad que envuelve a la primera teologia del Espiritu Santo. Muchos la han querido disipar, y casi siempre con analoga eficacia. Para los fenomenologistas se presta a divertidas excursiones. Para los teologos positivos - algunos de los cuales arrancan de s. Agustin o de doctrinas posteriores - a soluciones de cortisima perspectiva, tan yeyunas como prudentes. No se si por los cauces habituales de la critica resta aun campo inexplorado. A las noticias clasicas de los heresiologos se suman los abigarrados codices de Nag Hammadi. Abundan medios para restaurar integramente la pneumatologia valentiniana. Y como la valentiniana, tambien la barbelognostica. Al perseguir tales derroteros, nadie se promete a priori resolver los problemas de la teologia eclesiastica. Dia vendra en que, exploradas sistematicamente las atrevidas construcciones gnosticas de los siglos II y III, puendan erigirse casi con matematica precision las fronteras exactas de la ideologia comun a las familias heterodoxas: y aun apurar hasta el milimetro las analogias suyas con el pensamento eclesiastico, esclareciendo en forma indirecta, pero decisiva, nociones que hasta ahora se mantien a la derivaa en un oceano sin geografia.
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Es proverbial la oscuridad que envuelve a la primera teologia del Espiritu Santo. Muchos la han querido disipar, y casi siempre con analoga eficacia. Para los fenomenologistas se presta a divertidas excursiones. Para los teologos positivos - algunos de los cuales arrancan de s. Agustin o de doctrinas posteriores - a soluciones de cortisima perspectiva, tan yeyunas como prudentes. No se si por los cauces habituales de la critica resta aun campo inexplorado. A las noticias clasicas de los heresiologos se suman los abigarrados codices de Nag Hammadi. Abundan medios para restaurar integramente la pneumatologia valentiniana. Y como la valentiniana, tambien la barbelognostica. Al perseguir tales derroteros, nadie se promete a priori resolver los problemas de la teologia eclesiastica. Dia vendra en que, exploradas sistematicamente las atrevidas construcciones gnosticas de los siglos II y III, puendan erigirse casi con matematica precision las fronteras exactas de la ideologia comun a las familias heterodoxas: y aun apurar hasta el milimetro las analogias suyas con el pensamento eclesiastico, esclareciendo en forma indirecta, pero decisiva, nociones que hasta ahora se mantien a la derivaa en un oceano sin geografia.